lunes, 2 de febrero de 2009

El alma en medio del mar

En la entrada del puerto de Bugia hay un grupo de rocas sumergidas de las que se cuenta una leyenda extraña.
Un joven pastor beréber sacaba a pastar las ovejas de su padre por la escasa vegetación de las colinas costeras. Un día, cuando estaba a punto de llevarlas al corral, se le acercó el terrible Hombre de las Cavernas.
-¿No tienes nada que darme para comer? -le preguntó.
El pastorcilllo lo miró estupefacto.
-Tú, que eres el enemigo de todos los rebaños, ¿acudes precisamente a mí para que te dé de comer? -respondió el pastor.
-Quien fue tu enemigo ayer puede convertirse en tu amigo mañana. Tengo mucha hambre. Ayúdame -dijo con insistencia el Hombre de las Cavernas.
El joven pastor, conmovido y al mismo tiempo atemorizado, le dejó matar una oveja. Pero cuando al anochecer llevó el rebaño al corral, su padre se dió cuenta de que faltaba una.
-¿Dónde está la oveja que falta? -preguntó.
-Se quedó rezagada y el Hombre de la Cavernas se la ha comido -le respondió su hijo.
Pero el padre no aceptó esta excusa. Se imaginó que su hijo habría vendido la oveja y, por ello, le pegó y después le echó de casa. El joven pastor se fue hacia las colinas y pasó gran parte de la noche llorando bajo una higuera.
Al alba, un ruido de piedras le despertó y se encontró de nuevo ante el terrible Hombre de las Cavernas.
-¿Por qué lloras?
-Porque mi padre me ha echado de casa -el chico le contó la injusticia que acababa de vivir.
El Hombre de las Cavernas le dió de comer alguno de los restos de la oveja y le echó una gran capa roja sobre los hombros.
-Tienes frío, pero ahora saldrá el sol y te calentará -dijo el gigante.
Permanecieron así mucho rato, uno junto al otro. Cuando salieron los rayos del sol, el pastor se sintió mejor.
-¿Por qué todos dicen que eres tan malvado? -preguntó.
El Hombre de las Cavernas le miró durante un buen rato antes de responderle.
-Porque es cierto. Soy muy malvado. He perdido el alma. Antes era un hombre como los demás, era marinero. Pero un día, estalló una terrrible tormenta y una ola me arrancó de la nave. Mientras estaba entre las olas pasé mucho miedo y rogué a los dioses del mar que me salvaran. Les llegué a prometer mi alma a cambio de la vida. De repente, la tormenta se aplacó y mi alma ahora está allí abajo, ante el puerto, en una roca escondida bajo las olas -le contó.
Esta narración conmovió al pastor y, unas horas más tarde, mientras volvía al pueblo a buscar un trabajo seguía pensando en ella. Al cruzar una plantación de olivos oyó a dos chicos que estaban peleándose.
-¿Por qué os peleáis? -les preguntó acercándose a ellos.
-Por un bastón. Es un bastón con el que se puede secar el mar -respondieron ellos.
-No tenéis que pelear por eso. Vamos a hacer una cosa: dadme el bastón. Yo me pondré en el límite de la plantación, vosotros iréis hasta la cima de esa colina y, cuando os grite, volvéis corriendo. Quien llegue primero habrá ganado el bastón. ¿Estáis de acuerdo?
Los dos chicos asintieron y se alejaron colina arriba contentos por haber encontrado la solución a la pelea. Mientras iban hacia la colina, el pastor corrió hacia los olivos. Cortó una rama y, tallándola, hizo un bastón idéntico al que secaba el mar. Cuando los dos muchachos llegaron corriendo hasta él, el pastor dió al primero el bastón falso y se quedó con el mágico. Después se dirigió a una playa cercana, pero esperó a que llegaran las sombras de la noche para probar el bastón mágico.
Mientras tanto el Hombre de las Cavernas buscaba al pastor porque quería ayudarle. Como no le encontraba por ninguna parte, empezó a temer por él. Se puso a correr por las colinas llamándole a gritos. Sin embargo, el pastrocito no podía oirle. Había golpeado las aguas con el bastón y éstas se habían abierto. De este modo pudo adentrarse allí donde ningún ser humano había podido penetrar jamás. Una gran roca negra que se veía a lo lejos le atraía como un imán atrae al hierro. Tras una fatigosa caminata, llegó a la roca y la tocó con el bastón mágico.
En ese mismo momento, en las colinas, el Hombre de las Cavernas, que continuaba buscándole desesperadamente, resbaló, se golpeó y permaneció estirado, agonizando.
En medio del mar tuvo lugar un encantamiento. La roca que había sido tocada con el bastón se rompió en mil pedazos y de ella salió una hermosa muchacha. El pastor le preguntó quién era, pero ella no respondió ya que era muda. Tomándola de la mano, la condujo a la orilla mientras el mar iba cerrándose detrás de ellos.
Cuando llegaron a los bosques de las colinas, el pastor oyó por fin la voz del Hombre de las Cavernas que le seguía llamando aunque ya muy débilmente. En seguida lo encontró.
-He ido a buscar tu alma bajo el mar. Aquí la tienes -le dijo.
Le mostró a la muchacha y el Hombre de las Cavernas los miró.
-Es demasiado tarde. Estoy a punto de morir. Acercaos. Aún tengo algo que decir -dijo con lágrimas en los ojos.
Los dos jóvenes se inclinaron y el Hombre de las Cavernas sacó el anillo que la muchacha llevaba en el dedo anular de la mano derecha y lo puso en el dedo del pastor. Al instante la muchacha recuperó la palabra.
-Puedo hablar, puedo hablar... -decía.
-Yo moriré pronto -añadió el Hombre de las Cavernas-. Gracias a ti, pastorcito, puedo decirlo como un hombre bueno. Tú me has devuelto el alma, pero allí donde voy no la necesitaré. Así que te la regalo. Estará contigo en la forma de una muchaha y siempre te protegerá. Te lo mereces porque has confiado en un hombre malvado -dijo antes de morir.
Desde entonces, la roca sumergida no hundió más barcas de pescadores y la bondad venció para siempre sobre el poder diabólico.


Cuento de Arabia

domingo, 1 de febrero de 2009

Los diez principios

Dijo el maguid a rabí Zusia, su discípulo:
"No puedo enseñarte los diez principios del servicio. Pero un niño pequeño y un ladrón pueden instruirte sobre ellos.
Del niño puedes aprender tres cosas:
- Está contento sin motivo especial;
- No está ocioso ni por un instante;
- Cuando necesita algo lo exige vigorosamente.
El ladrón puede enseñarte siete cosas:
- Hace su trabajo por la noche;
- Si no termina lo que debe hacer en la primera noche, dedica a ello la segunda.
- El y los que trabajan con él se aman mutuamente.
- Arriesga su vida por pequeñas ganancias.
- Lo que consigue tiene tan poco valor para él que lo cambia por una moneda.
- Soporta golpes y privaciones y éstos no significan nada para él.
- Ama su oficio y no lo cambiaría por ningún otro."

Despertar

Reconocéis a los que están despertando entre vosotros pues ellos son los librepensadores que no tienen miedo de hacer frente a lo convencional y hablar de las verdades universales. Reperesentan la nueva ética de vuestra era, modelos de claridad de la mente y del Espíritu, y están haciendo olas en el Mar Muerto del Dogma, están sacudiendo el barco.
¿Sois vosotros? ¿Habéis empezado a reclamar vuestra herencia, la luz del poder absoluto que brilla en vuestro interior? Si habéis llegado a estas enseñanzas, con toda seguridad os encontráis bien encaminados en vuestra transición, pues el nuestro es un mensaje destinado a aquellos que han comenzado a quitarse el velo. A medida que lo dejáis caer, la brillante luz de la creación resplandecerá incandescente en vuestra alma y os daréis cuenta de que os sobreponéis al miedo y a todo aquello que alguna vez os mantuvo en la oscuridad. ¿Qué es el poder, después de todo, sino intrepidez?...
...No permitáis que haya competencia entre vosotros, pues ésta es una experiencia personal y vosotros dictáis las reglas a medida que vais andando y marcáis vuestro propio ritmo. Ahora, más que nunca, es el momento de que veáis desplegarse la grandeza en el prójimo, y no los reflejos de "lo que vosotros sois" o dónde pensáis que deberíais estar en la esclaera espiritual. El ego no resuelto será una formidable fuerza disuasoria en vuestro despertar.
Tenéis que desprenderos si deseáis que la luz se arraigue en vuestro interior. Os tenéis que deshacer del yo del ego.
Esto es un paso preparatorio para el éxtasis que os espera, si es que no habéis empezado ya a experimentar la activación del tercer filamento. Tan sólo imaginaos la triangulación de la luz que sucede en cada núcleo de cada célula de vuestro cuerpo. Nuestras palabras pueden describir sólo remotamente el poder transformador de lo que está a punto de ocurrir en vuestro interior, pues una experiencia de semejante magnitud supera los límites de la expresión verbal. En verdad, está más allá de la percepción consciente de la tercera dimensión, en la cual habéis residido como raza desde vuestro comienzo en la Tierra. Y, sin embargo, aquí estáis vosotros, os transmutáis y convertís en vuestro yo de luz, a punto de incorporar el resplandor de una luz que ha permanecido latente en vosotros durante 100.000 años terrestres. ¿Os da eso una mejor perspectiva del lugar que ocupáis en el esquema de las cosas?
Al vibrar con las nuevas frecuencias que vienen a vuestros cuerpos de luz en plena aceleración y a la reestructuración de vuestra red genética, alumbraréis como un faro para aquellos que, como vosotros, han iniciado el proceso de transmutación. Este es un aspecto de la atracción que sentís por los demás -vuestra unificación-, lo cual hace resplandecer la luz de Gaia. Como unidades individuales, fijaréis las energías cósmicas en vuestro interior y luego las proyectaréis por toda la extensión de la Red, y promoveréis el proceso de los demás. Así es como funciona la Finísima Red de Luz.
Esta es la Evolución en su sentido más puro, donde todo está en un estado de transformación, de regreso a la Fuente. Es el camino de todos los seres conscientes de sí mismos, los cocreadores del universo. Nos desprendemos y nos sumergimos intrépidos en las aguas oscuras para reinventarnos: experimentamos nuestra cualidad única, un propósito, un sueño. Nos enfrentamos a nosotros mismos como el Uno, una mónada; experimentamos el reflejo, el Dos de la polaridad, y luego, moviéndonos siempre en ascenso, explotamos en la luz interior del Tres, la triangulación, y damos nacimiento a lo nuevo dentro de nosotros.
Ahora os encontráis en este punto de la travesía, un momento muy extraordinario en la espiral ascendente, en la cual todos nos vamos acercando a la integración total en el esplendor de la Luz Infinita.
Habiendo adquirido la sabiduría, llevamos de regreso al Todo nuestra experiencia individual de la elección y el amor incondicional, de lo cual surge más luz. Hacemos frente a la oscuridad, al "diablo", para aprender la dinámica del miedo y la ignorancia. Hacemos frente al "enemigo" con el fin de aprender la compasión y el poder del perdón. Adquirimos la conciencia del ego como un medio de entender la unidad, el uno de todas la cosas. Nos hacemos más ligeros con cada lección.
Siempre en pos de la luz del amor, escalamos las montañas de la adversidad. Sí, hay momentos en que resbalamos hasta los barrancos más profundos, así como hay otros momentos en que llegamos a las cumbres. Miramos hacia abajo donde hemos estado, celebramos la llegada y luego empezamos otra vez, siempre avanzando hacia terreno más alto, siempre esforzándonos por alcanzar la grandeza. Y para cada uno, un ritmo propio, un paso y una concentración diferentes, pues ése es el libre albedrío en acción.
Todos los caminos van de regreso al Origen. Eso, amados, es la profecía del Ser Supremo que se cumple a sí misma. El Todo-lo-que-es, Que-siempre-ha-sido y Que-siempre-será.

Extracto de "El Cosmos del Alma" de Patricia Cori