viernes, 2 de enero de 2009

El diálogo entre las religiones

... - Si me lo permite, Dalai, ¿la meta es realmente la misma para todas (las religiones)? A veces, viendo ciertos integrismos... ciertas formas de superstición o de fanatismo, tengo mis dudas.
- Mire, puedo entender lo que quiere decir... pero no estoy de acuerdo. Si miramos bien, las necesidades del ser humano son las mismas... siempre las mismas. Todos debemos evitar el sufrimiento y buscar la felicidad. Aunque a veces nuestro comportamiento pueda indicar lo contrario, si vamos al fondo de las cosas estaremos de acuerdo en el hecho de que cada mujer y cada hombre de este mundo intenta mejorar su condición. Las religiones, todas las religiones, tratan de responder a estas necesidades. Claro, en determinadas situaciones hay errores... carencias, fanatismos... pero se trata precisamente de errores. Yo creo que el fin último de cada vía religiosa es la elevación del ser humano... su liberación de la esclavitud de la ignorancia y del sufrimiento. Le voy a dar un ejemplo muy banal... que alguien podrá encontrar incluso tonto... pero que a mí me parece que refleja bien la idea que deseo expresar. Todos nosotros... todos los seres vivos, experimentamos el hambre. Es algo relacionado con nuestra condición presente. Comemos, durante algunas horas estamos satisfechos de la comida que hemos ingerido, pero, tarde o temprano, volvemos a estar hambrientos. Es una cosa natural y no hay nada malo en ello. Cuando vamos a un restaurante queremos mitigar el hambre... pero no todos comemos la misma comida. Es más, ni siquiera vamos todos al mismo restaurante. Y cuando estamos sentados delante del menú escogemos el plato, o los platos, que más nos gustan. Alguno de nosotros será vegetariano, algún otro no... veremos lo que nos ofrece ese restaurante y escogemos de acuerdo con nuestras actitudes. Lo importante es que, cuando nos levantemos de la mesa, estemos satisfechos de la comida ingerida y, sobre todo, que no tengamos más hambre...¡al menos durante un rato! (se ríe). Es un ejemplo banal, pero creo que refleja la idea.
Con las religiones pasa un poco lo mismo. Todos nosotros deseamos satisfacer el hambre de conocimiento, de espiritualidad... queremos encontrar un sendero que nos conduzca hacia la liberación interior, que nos permita mejorar la calidad de nuestra vida... exactamente como la comida satisface nuestro apetito. Entonces elegimos la religión que mejor parece adaptarse a nosotros... aquella que utiliza un lenguaje que se adapta más a nuestras aptitudes y capacidades. Yo pienso que la existencia de tantas religiones no es algo negativo... al contrario, es bueno, es una riqueza de la humanidad. Lo importante es entender cuál se adapta a nosotros e intentar seguirla con sinceridad e inteligencia.....


DALAY LAMA. La visión interior

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